miércoles, 11 de junio de 2014

La Bahía del silencio, por Eduardo Mallea (fragmento)

Y aquella noche, cuando el año justamente acababa y se festejaba en la ciudad una vez más la lituragia de ese tiempo, dejé, una vez más, el manuscrito casi concluido de Las Cuarenta noches, y empece a escribirle esta historia. 
Me apresuré a escribirla en poco tiempo, febrilmente. 
Necesitaba confesarme. 
Necesitaba confiársela, era lo que podía hacer por usted. 
Aquí está. Se la doy. ¡Es tan larga y tan trabajosa! 
Cuando la abra y entre en ella con asombro, piense en lo que le quise decir. 
Piense en lo que siempre representó para mí. Piense que no está sola. 
Que yo mismo-después de tanto andar-tampoco estoy solo. Y que nuestra aparente soledad no es más que una más y secreta compañía. 
Piense que si hemos pasado por el laberinto de las más duras amarguras, llevando adentro tantas;imágenes, tal vez ilusorias, tantos deseos, tantas oposiciones, tantas disconformidades, tantas rebeldías y frustraciones y caídas, tantos sueños aparentemente inútiles y actitudes visiblemente nulas -e incluso visto caer sangre cerca de nuestras manos inhábiles-, todo es, quizás, porque lo que con nosotros alguna vez cayó, era necesario que cayera, a fin de ser en sí, en la caída, en tanta decepción y tanta muerte, ese sacrificio sin el que nada nuevo, diferente, nace. Piense que si no somos multitud, somos;compañía;dentro de la multitud.(...) 
¿Cree usted que Acevedo, que Anselmi, que Jimenez, que Denis Atkinson, que el profesor Autorello, que esa pobre Gloria Mabil, eran fracasados? 
Espero que se habrá hecho, después de conocerlos, amiga de ellos. No, eran tal vez equivocados. Eran tal vez ineficaces, eran tal vez ilusos, eran tal vez algo perdido; pero no fracasados. Eran conciencia sin precio y lo que no se vende es lo que entra en la naturaleza. 
Lo que se vende es lo; prácticamente; útil o lo temporalmente suntuoso, pero lo contrario de eso es lo que camina en dirección algo mas temporal. Todos ellos y usted misma, han llegado a ese sitio que lame sin corroerlo el mar de la furia, de la persecusión y de la adversidad. 
Todos ellos, y usted, quién sabe cuántos otros en este mundo, han llegado a esa bahía, a ese lugar de espera, a esa bahía donde concentran su silencio y donde su fruto se prepara sin miedo a la tormenta, el ciclón, el vil tiempo. 
¡Qué hermosa y qué profunda es la Bahía! 
Así están los que, de su fracaso, han hecho un triunfo. A ellos y a usted los guarda -en esta hora-la bahía del silencio. A todos los veo ahí, silenciosos y expectantes. Los ganadores salen al alba pero los triunfadores vuelven de noche. Es decir, que lo que cuentan sólo con el botín se pierden al fin en el empeño, y la hora final, a quienes trae elegidos es a los ;triunfadores; definitivos 
Yo estoy al lado de los que esperan el triunfo final recogidos en la bahía, en la bahía del silencio.

Eduardo Mellea, obras completas. 1956

Eduardo Mallea(14 de agosto de 1903, Bahía Blanca, Argentina - † 12 de noviembre de 1982, Buenos Aires) fue un escritor y diplomático argentino.









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