martes, 30 de agosto de 2011

CARTA ABIERTA DE RODOLFO WALSH A LA JUNTA MILITAR

. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.
El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.
El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.
Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese "ser nacional" que ustedes invocan tan a menudo.
Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivtas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina... Rodolfo Walsh Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.

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sábado, 27 de agosto de 2011

Luis Alberto Spinetta















Seguir Viviendo Sin Tu Amor
Si a tu corazón yo llego igual
Todo siempre se podrá elegir
No me escribas la pared
Sólo quiero estar entre tu piel

Y si acaso no brillara el sol
Y quedara yo atrapado aquí
No vería la razón
De seguir viviendo sin tu amor

Y hoy que enloquecido vuelvo
Buscando tu querer
No queda más que el viento
No queda más que el viento

Y si acaso no brillara el sol
Y quedara yo atrapado aquí
No vería la razón
De seguir viviendo sin tu amor.
Luis Alberto Spinetta

viernes, 26 de agosto de 2011

Rayuela

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.

Pero ella no estaría ahora en el puente. Su fina cara de translúcida piel se asomaría a viejos portales en el ghetto del Marais, quizá estuviera charlando con una vendedora de papas fritas o comiendo una salchicha caliente en el boulevard de Sebastopol. De todas maneras subí hasta el puente, y la Maga no estaba. Ahora la Maga no estaba en mi camino, y aunque conocíamos nuestros domicilios, cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos estudiantes en París, cada tarjeta postal abriendo una ventanita Braque o Ghirlandaio o Max Ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones, aun así no nos buscaríamos en nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente, en la terraza de un café, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra. Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo... Julio Cortázar.
A 97 años de su nacimiento.

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miércoles, 24 de agosto de 2011

AL ESPEJO

¿Por qué persistes, incesante espejo?
¿Por qué duplicas, misterioso hermano,
el movimiento de mi mano?
¿Por qué en la sombra el súbito reflejo?

Eres el otro yo de que habla el griego
y acechas desde siempre. En la tersura
del agua incierta o del cristal que dura
me buscas y es inútil estar ciego.

El hecho de no verte y de saberte
te agrega horror, cosa de magia que osas
multiplicar la cifra de las cosas

que somos y que abarcan nuestra suerte.
Cuando esté muerto, copiarás a otro
y luego a otro, a otro, a otro, a otro…

Jorge Luis Borges.
A 112 años de su nacimiento

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domingo, 21 de agosto de 2011

Impresiones de viaje

“Acercándome al Brasil creo aproximarme a algo que me pertenece: a una rama de la familia hispanoamericana. Con todo yo creo que el Brasil será sólo para mí la mitad del camino: porque quizás tendré que doblar el Cabo. ¡Cuántas son mis dudas sobre mi destino! […] Deseo la primera aparición de la tierra americana con un placer vivo: veré el Brasil como vería mi propio país. ¡Y sin duda lo veré mañana!
“El 14 pasado [diciembre de 1843] desembarcamos en Río a eso de las 5 de la tarde. […] Todos hallaron amigos que los viniesen a ver: todos tenían botes para desembarcar, excepto yo, que, vestido y dispuesto, no encontraba ni siquiera bote en qué bajar: ni una oferta me fue hecha por los compañeros. Por fin se presentó un bote mercenario y lo arrendé yo solo.
Así me desembarqué en frente del Hotel Jarous; y me puse a caminar entre el torbellino de gentes que se reúnen allí: a nadie conocía.” Juan Bautista Alberdi.

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jueves, 18 de agosto de 2011

Luciano Pereyra


SI ME PUDIERAS VER
Como se ha pasado el tiempo
y yo sigo solo sin saber de tí
este mundo no es el mismo
ya no tengo control si no estás aquí
Si me pudieras ver
que solo y triste estoy
y siempre en un rincón,te llora mi alma

Tocando fondo estoy
no he vuelto a sonreír
y le pregunto a Dios por que no llamas,
y tu que sigues aún sin regresar
Como extraño tus caricias
y tus negros ojos por la eternidad

El sentirte cerca mío
si en la noche fría tu me abrazaras
que te duermas en mi pecho
y tu canción de cuna poder respirar

Como puedes tú sin mí, yo sin tí no puedo más
Si me pudieras ver
Que solo y triste estoy
y siempre en un rincón, te llora mi alma
Tocando fondo estoy

No he vuelto a sonreir
y le pregunto a Dios por que no llamas
Y tú que sigues aun sin regresar
tocando fondo estoy
no he vuelto a sonreir

Y le pregunto a Dios por que no llamas,
Y tu que sigues aun sin regresar
Volví solo por vos...
Luciano Pereyra
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miércoles, 17 de agosto de 2011

Hojas Al Viento

¡Allá van! son hojas sueltas
De un árbol escaso en fruto;
Humildísimo tributo
Que da al mundo un corazón.

Allá van, secas, revueltas
En confuso torbellino,
Sin aroma, sin destino,
A merced del aquilón.

Esas hojas los ensueños
De la vida simbolizan,
Cuando puros divinizan,
La ventura o el afán;

Son emblemas de risueños
Devaneos que en su aurora
La ilusión virgen colora,
¡Y que nunca ¡ay! volverán!

¡Hojas mustias y sombrías!
ya las ramas que adornaron,
Tristemente se doblaron;
El pampero sopló allí.

Las agrestes armonías
Que otro tiempo al aire dieron,
De la tarde se perdieron
En la bruma carmesí.

Allá van, sí, desprendidas
Por las ráfagas de otoño.
Sin que dejen ni un retoño
En su tránsito fugaz;

¡Pobres hojas esparcidas,
Por el viento arrebatadas,
de las vegas encantadas
A que dieron sombra y paz!
Carlos Guido y Spano


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martes, 16 de agosto de 2011

EL VISITANTE

“El poeta es un espía de Dios.”
Cuando el invierno vele los fantasmas azules
de la niebla en el barrio
y ya sean memoria la mudanza, el entierro del gorrión,
el domingo,
y los libros se callen en las estanterías
para que vuelva sin temor el grillo
del hogar, fugitivo de un distante verano,
preguntará al olvido
dónde se oculta el espía del tiempo,
en qué relojería, en qué almanaque,
en qué caja de música
abandonada por un niño
y junto a cuál de las sutiles ventanas del crepúsculo
donde sólo hacia adentro puede asomarse uno
la saudade construye sus delicados puentes.

  Y desde qué clavel del aire
o qué alga marina, o qué arpa de Harpo Marx
apareciendo en un desván, de súbito,
el porvenir –que es poeta- nos mira.
Raúl González Tuñón

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sábado, 13 de agosto de 2011

DEL QUE NO SE CASA

Yo me hubiera casado. Antes sí, pero ahora no. ¿Quién es el audaz que se casa con las cosas como están hoy?

Yo hace ocho años que estoy de novio. No me parece mal, porque uno antes de casarse "debe conocerse" o conocer al otro, mejor dicho, que el conocerse uno no tiene importancia, y conocer al otro, para embromarlo, sí vale.

Mi suegra, o mi futura suegra, me mira y gruñe, cada vez que me ve. Y si yo le sonrío me muestra los dientes como un mastín. Cuando está de buen humor lo que hace es negarme el saludo o hacer que no distingue la mano que le extiendo al saludarla, y eso que para ver lo que no le importa tiene una mirada agudísima.

A los dos años de estar de novio, tanto "ella" como yo nos acordamos que para casarse se necesita empleo, y si no empleo, cuando menos trabajar con capital propio o ajeno.

Empecé a buscar empleo. Puede calcularse un término medio de dos años la busca de empleo. Si tiene suerte, usted se coloca al año y medio, y si anda en la mala, nunca. A todo esto, mi novia y la madre andaban a la greña. Es curioso: una, contra usted, y la otra, a su favor, siempre tiran a lo mismo. Mi novia me decía:

-Vos tenés razón, pero ¿cuándo nos casamos, querido?

Mi suegra, en cambio:

-Usted no tiene razón de protestar, de manera que haga el favor de decirme cuándo se puede casar.

Yo, miraba. Es extraordinariamente curiosa la mirada del hombre que está entre una furia amable y otra rabiosa. Se me ocurre que Carlitos Chaplín nació de la conjunción de dos miradas así. E1 estaría sentado en un banquito, la suegra por un lado lo miraba con fobia, por el otro la novia con pasión, y nació Charles, el de la dolorosa sonrisa torcida.

Le dije a mi suegra (para mí una futura suegra está en su peor fase durante el noviazgo), sonriendo con melancolía y resignación, que cuando consiguiera empleo me casaba y un buen día consigo un puesto, ¡qué puesto ... ! ¡ciento cincuenta pesos!

Casarse con ciento cincuenta pesos significa nada menos que ponerse una soga al cuello. Reconocerán ustedes con justísima razón, aplacé el matrimonio hasta que me ascendieran. Mi novia movió la cabeza aceptando mis razonamientos (cuando son novias, las mujeres pasan por un fenómeno curioso, aceptan todos los razonamientos; cuando se casan el fenómeno se invierte, somos los hombres los que tenemos que aceptar sus razonamientos). Ella aceptó y yo tuve el orgullo de afirmar que mi novia era inteligente.

Me ascendieron a doscientos pesos. Cierto es que doscientos pesos son más que ciento cincuenta, pero el día que me ascendieron descubrí que con un poco de paciencia se podía esperar otro ascenso más, y pasaron dos años. Mi novia puso cara de "piola", y entonces con gesto digno de un héroe hice cuentas. Cuentas. claras y más largas que las cuentas griegas que, según me han dicho, eran interminables. Le demostré con el lápiz en una mano, el catálogo de los muebles en otra y un presupuesto de Longobardi encima de la mesa, que era imposible todo casorio sin un sueldo mínimo de trescientos pesos, cuando menos, doscientos cincuenta. Casándose con doscientos cincuenta había que invitar con masas podridas a los amigos.

Mi futura suegra escupía veneno. Sus ímpetus llevaban un ritmo mental sumamente curioso, pues oscilaban entre el homicidio compuesto y el asesinato simple. Al mismo tiempo que me sonreía con las mandíbulas, me daba puñaladas con los ojos. Yo la miraba con la tierna mirada de un borracho consuetudinario que espera "morir por su ideal". Mi novia, pobrecita, inclinaba la cabeza meditando en las broncas intestinas, esas verdaderas batallas de conceptos forajidos que se largan cuando el damnificado se encuentra ausente.

Al final se impuso el criterio del aumento. Mi suegra estuvo una semana en que se moría y no se moría; luego resolvió martirizar a sus prójimos durante un tiempo más y no se murió. Al contrario, parecía veinte años más joven que cuando la conociera. Manifestó deseos de hacer un contrato treintanario por la casa que ocupaba, propósito que me espeluznó. Dijo algo entre dientes que me sonó a esto: "Le llevaré flores". Me imagino que su antojo de llevarme flores no llegaría hasta la Chacarita. En fin, a todas luces mi futura suegra reveló la intención de vivir hasta el día que me aumentaran el sueldo a mil pesos.

Llegó el otro aumento. Es decir, el aumento de setenta y cinco pesos.

Mi suegra me dijo en un tono que se podía conceptuar de irónico si no fuera agresivo y amenazador:

-Supongo que no tendrá intención de esperar otro aumento.

Y cuando le iba a contestar estalló la revolución.

Casarse bajo un régimen revolucionario sería demostrar hasta la evidencia que se está loco. O cuando menos que se tienen alteradas las facultades mentales.

Yo no me caso. Hoy se lo he dicho:

-No, señora, no me caso. Esperemos que el gobierno convoque a elecciones y a que resuelva si se reforma la constitución o no. Una vez que el Congreso esté constituido y que todas las instituciones marchen como deben yo no pondré ningún inconveniente al cumplimiento de mis compromisos. Pero hasta tanto el Gobierno Provisional no entregue el poder al Pueblo Soberano, yo tampoco entregaré mi libertad. Además que pueden dejarme cesante.

Fuente: ARLT, ROBERTO, Aguafuertes porteñas. Buenos Aires, Futuro, 1950 (págs. 160-162)

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miércoles, 10 de agosto de 2011

Javier y Andrés Calamaro





















Este Minuto - Andres Calamaro y Javier Calamaro

De reír, de volar tantas veces me olvido
Del sol cayendo en el mar
De gritar de llorar tantas veces me olvido
Sigo pensando en, ¿que vendrá?

Es mejor no pensar
En el paso del tiempo
Una sola duda me puede matar
No pido un consejo ni quiero el remedio
Porque ya no tengo nada que jugar

Este es el tiempo y es el lugar
Nada puede ser mejor
Cansado de vivir quemando el tiempo
Ahora que el sueño se acabó

Dónde fue ideal
En un mundo perfecto
De dónde sos, a dónde vas
Y después que vendrá
No quiero saberlo
Este es el momento y el lugar

Aferrado a cosas que no tienen sentido
Me puedo equivocar
La prosperidad en un envase vacío
No olvides de dónde sos y a dónde vas

Este es el tiempo y es el lugar
Nada puede ser mejor
Ya no voy a vivir quemando el tiempo
Ahora que el sueño se acabó.
Andres Calamaro y Javier Calamaro
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lunes, 8 de agosto de 2011

Consejos "del viejo Irala"

Todo cristiano al nacer
trai dos alforjas vacías
y la vida en sus porfías
solita se las enllena
poniendo en una las penas
y en otra las alegrías.
Y la virtú superior del hombre que tiene luces
es no perderse en los cruces
al repartirse las cargas
y tantiar que las amargas no pesen más que las dulces...
Nunca renegués de Dios
aunque dudes de que exista
no hagas lo del anarquista
que a Dios maldecía y luego
que un rayo dejó ciego
a Dios le pedía la vista.
Si algún amigo en la mala
necesita tus favores
no esperes a que mejore la situación que aqueja,
El que anda en huella pareja no necesita cuartiadores.
Mas nunca hagas las gauchadas
del comesario Romero
que soltaba los cuatreros
diciéndoles, sin empachos,
vayan a robar muchachos
que precisamos dinero.
Cuando a ser cantor te lleven
el gusto o la obligación
no te vandién de gritón
y ricordá en la largada
que la voz no vale nada
donde falta entonación.
Alberto Vaccarezza(1936)


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viernes, 5 de agosto de 2011


Poca cosa:
Un patio de conventiyo,
un italiano encargado,
un yoyega retobado,
una percanta, un vivillo.
Dos malevos de cuchillo,
un chamuyo,una pasión,
choques, celos, discusión,
desafío, puñalada,
aspamento, disparada
auxilio, cana y telón.
Y debajo de todo eso,
tan sencillo al parecer,
debe el sainete tener
rellenando su armazón
la humanidad,la emoción,
la alegría, los donaires
y el color de Buenos Aires
metido en el corazón.
Alberto Vaccarezza


Yoyega: Gallego
Retobado: Persona enojada, disgustada/ terco, porfiado/ altanero/ impertinente, rebelde/ taimado e hipócrita.
Percanta: Percanta es un tipo especial de mujer que podriamos traerla al presente como la mujer liberal y sin tapujos.
Malevo: Forajido. Delincuente, peleador, bandido.
Vivillo: Astuto.
Chamuyo: Charla, conversación.
Cana: La policía.


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jueves, 4 de agosto de 2011

El Candelabro de plata

Nunca he podido dominar mis impulsos. En este sentido me reconozco un sujeto primitivo, puro (o bestial), incapaz de adaptarse al florido mundo, donde para tranquilidad de la hermosa gente se cultivan con sensatez todas las formas del buen gusto, la hipocresía y el cinismo. Pero, al menos, hoy he comprendido algo; lo he comprendido después de lo que paso esta noche; soy un hombre bueno. No lo digo, no escribo esto, para justificar nada. No. De ocurrirme semejante cosa debería admitir que yo mismo repudio lo que he hecho, y no es cierto, y aunque fuera cierto: acabo de hacer feliz a un miserable, quién podría juzgarme, quién sobre la tierra (quién en el Cielo) se atrevería a juzgarme.
Mejor, vayamos por partes. Todavía estoy borracho perdido: pero tratare de ser coherente.
Todo empezó esta misma tarde, es decir: la tarde de ayer, puesto que ahora deben ser las tres o las cuatro de la mañana. Madrugada del 25 de diciembre de 1956. Navidad. Sobre la mesa, Todavía quedan restos de la insólita fiesta. El candelabro de plata –más anacrónico que nunca en medio de la suciedad y la pobreza que lo rodea– parece ocuparlo todo ahora. Nunca he comprendido por qué este candelabro no ha ido a parar, como las otras pocas cosas heredadas de mi padre, al Banco de Empeño, o al cambalache. En esto, pienso, se parece a la conciencia. Creo que ya nunca voy a poder desprenderme de él....ABELARDO CASTILLO



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martes, 2 de agosto de 2011

Vicentico



SOLO UN MOMENTO

¿Cuál es aquel camino que tengo que tomar?
Si solo hay un destino al que puedo llegar
Si siempre viaje solo
Y siempre vos fuiste mi faro en la ciudad

En la ciudad es solo un momento
es una mirada y saber cual es el camino
Y asi nada más

Es solo un momento
Es una mirada hacia atrás
Yo quiero saber, mi amor, si al llegar
vas a estar alli,
Vas a estar alli

¿Cuál es la hora exacta en que tengo que partir?
¿Cuántas son las señales que tengo que seguir?
Si siempre viaje solo
Y siempre vos fuiste mi faro en la ciudad

En la ciudad es solo un momento
es una mirada y saber cual es el camino
Y asi nada mas

Es solo un momento
Es una mirada hacia atrás
Yo quiero saber, mi amor, si al llegar
vas a estar alli.

Es todo silencio
La última mirada hacia atrás
Saber el camino
Y asi nada más

Es solo un momento
La última mirada hacia atras
Yo quiero saber, mi amor, si al llegar
vas a estar alli,
Vas a estar alli.

Vicentico

lunes, 1 de agosto de 2011

EL PIBE CHACARITA: Siempre están llegando “Nocturno de mi barrio”

Están por distintos lugares del mundo, tienen algo en común, el sentimiento los identifica. Son los antiguos moradores del barrio que por distintas circunstancias tuvieron que emigrar del mismo. Establecieron una historia de su vida en sus: calles, veredas, escuelas, clubes, cines y con los vecinos de entonces. Esa crónica fue registrada en su memoria junto aquellos episodios inolvidables de antaño, que se agigantan con la distancia al terruño y el paso del tiempo. A menudo los invade el dolor del exilio que anula el regreso al tiempo feliz de las gratas vivencias. Me agradaría escucharlos y compartir con ustedes sus experiencias. Yo soy uno de ellos, y salgo a su encuentro...
En el oeste del Gran Buenos Aires vive “Pocha” Becker quién nos cuenta su historia: “Junto a mis padres Berta y Enrique Becker y mi hermana “Cuca” residimos desde 1951 en un departamento de la calle Guevara 522. Adelante vivían Aída Spallone, su esposo Raúl Sanz y el hijo de ambos, Osvaldo. Don Raúl tenía un palomar en la terraza, siempre tuve temor de acercarme al mismo por el alboroto de las aves. En Chacarita viví desde los doce años hasta los veintiuno, hace cincuenta años que dejé el barrio en ocasión de contraer matrimonio, pero no puedo olvidar aquellos veranos con el juego del agua en los carnavales. Recuerdo los ensayos de la murga “Los Pecosos de Chacarita”, en un terreno de la Av. Forest y Maure. Aún me parece que sigo siendo aquella niña que paseaba por la calle Olleros y descubría la casa colonial con pasadizos, donde vivía Carlitos Balá con su familia. También mi memoria me transporta haciendo un mandado hacia Maure y Guevara en la despensa “La Favorita” de Don Luraschi o comprando un Repuesto Rivadavia en la librería del “Chino” en Guevara al cuatrocientos. Ahora que me acuerdo mi padre le hacía la parte contable de su librería. ¡ Qué bellos recuerdos!”...
Ahora los invito que suban a mi “piróscafo” dado que vamos hacia Vicente López en búsqueda del testimonio de un amigo de la infancia: el Dr. Salvador Galgano, el “Chiche” para los íntimos, lo escuchamos: “Mi casa natal fue la de Jorge Newbery, frente a “El Continente”, cercana al entonces café “La Reforma” en la esquina de Av. Forest. La habité en familia desde 1934 hasta 1965, que me mudé a Belgrano pero, el consultorio lo tuve hasta 1998. Cursé la primaria en la “escuela de varones” de Jorge Newbery, hoy “Dr. Luis Agote”. Era un lector de la Biblioteca “Elévate” de la calle Maure casi Av. Forest, también le alquilaba al diariero por cinco centavos las revistas infantiles, con la condición de una lectura rápida y devolución antes de las 9.30 hs. En las travesuras de la niñez recuerdo cuando con la barra íbamos a los cines del barrio: Villa Crespo, Alvarez Thomas, Atlántico, Regio o el Argos, y esparcíamos un líquido creo que era sulfuro de amonio que difundía un mal olor. La carrera de medicina y la especialización en otorrinolaringología me restó tiempo para frecuentar a las barras de Guevara o Forest pero me sentía amigos de todos. Fue una juventud alegre, pues nos conformábamos con poco, con amigos de verdad y sin los problemas de la juventud actual. Prefiero que Chacarita continúe sin crecer con el ritmo de una ciudad moderna y, conserve su esencia de barrio. De ese modo mantiene vigente los recuerdos, como aquella noviecita que aún persiste en algunos de mis sueños”...
En este itinerario en la búsqueda de antiguos vecinos chacaritenses recorro el barrio de Liniers para escuchar los recuerdos de Susana Nélida Zaldo: “Desde el año 1947 hasta 1962 viví en Maure 4153, una casa grande cercana a la Av. Corrientes. Fue el período de mi niñez y adolescencia que me permite recordar el tiempo de los juegos con mis amigas de entonces: Liliana Caldarelli, Cristina y Emilia Jarema, las hermanos Silvia, Elsa, María Elena y Juan Carlos Villareal. Además de nuestro espacio en las tranquilas calles del barrio, una hermana mayor de los Villareal nos cruzaba al Parque Los Andes donde teníamos los juegos, la calesita y un enorme espacio para disfrutar. En nuestras travesuras nos trepábamos al Monumento al Malón de la Paz la obra del escultor Luis Perlotti, que desde aquella distante infancia nos parecía una audaz hazaña. Hice la primaria en la escuela ubicada en Federico Lacroze y Rosetti, estudié baile y actuación con Stella Molly y piano con una profesora que estaba al lado de Forest 444 cuyo nombre ahora no recuerdo. Un tío, Miguel Magnacco, fue uno de los socios de la Broncería “Los Andes” ubicada en la Av. Corrientes casi Olleros. Desde la distancia extraño los gratos momentos vividos con mis amigas de siempre, dado que con algunas de ellas nos seguimos viendo y la relación con los vecinos del barrio, que eran comunicativos y solidarios...”
En el curso de la entrevista con Susana me indicó la dirección de una amiga de su niñez, vamos a su encuentro hacia Villa Pueyrredón, se trata de Elsa Beatriz Villareal nos recibe y expresa: “ Con mi amiga de la infancia habitamos la misma vivienda de Maure 4153, en mi caso del año 1947 hasta 1974 que formalicé mi matrimonio con Osvaldo Rivero quien vivía en Zabala y Fraga. Cursé la primaria en la escuela de Guevara y Santos Dumont y ya adolescente trabajé en la fabrica de prendas femenina “Norina” de la calle Olleros y Fraga. Las imágenes que tengo del barrio son: el juego del agua de los carnavales, la concentración de coches en las efemérides del Cementerio, el desfile militar y los fuegos de artificio en el Parque Los Andes en ocasión de las fechas patrias. Otros recuerdos barriales se relacionan con la fábrica de artículos de cuero “Mandelbaun” vecina a mi casa, los viajes que realizaba en el tranvía 12 conducido por un tío que recorría la Ciudad desde Chacarita a La Boca, la compra de las pastas en “La Yema” de José Reymundez en Federico Lacroze y Fraga. Por nuestra vecindad con el Restaurant “Albamonte” conocimos a figuras del ambiente artístico, político o deportivo pero, el de mayor repercusión fue cuando vino al barrio Johnny Weissmuller el “Tarzán” de las películas en blanco y negro. Para recordar aquel tiempo feliz en el barrio natal lo recorro caminando, a veces desde Cabildo y Aguilar, pasando por la Estación Colegiales hasta llegar al subte en Federico Lacroze y Corrientes”...Prosa de Aníbal Troilo (1914 - 1975).

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