sábado, 26 de mayo de 2012

TROVA

He nacido en Buenos Aires 
¡qué me importan los desaires 
con que me trate la suerte! 
Argentino hasta la muerte 
he nacido en Buenos Aires. 
Tierra no hay como la mía; 
¡ni Dios otra inventaría 
que más bella y noble fuera! 
¡Viva el sol de mi bandera! 
 Tierra no hay como la mía. 
Hasta el aire aquí es sabroso; 
nace el hombre alegre, brioso, 
y las mujeres son lindas como 
en el árbol las guindas; 
hasta el aire aquí es sabroso. 
¡Oh, Buenos Aires, mi cuna! 
¡De mi noche amparo y luna! 
aunque en placeres desbordes, 
oye estos dulces acordes 
¡oh, Buenos Aires, mi cuna! 
 Fanal de amor encendido, 
borda el cielo tu vestido 
de rosas y rayos de oro: 
eres del mundo tesoro, 
fanal de amor encendido. 
¿Quién al verte no te admira
y al dejarte no suspira 
por retornar a tus playas? 
Deidad de las fiestas mayas, 
¿quién al verte no te admira? 
 De tus glorias que otros canten, 
y a las nubes te levanten 
entre palmas y trofeos. 
Yo no asisto a esos torneos:
de tus glorias que otros canten. 
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Tu esplendor diré tan sólo, 
si no del ya viejo Apolo 
con la lira acorde y fina, 
en mi guitarra argentina
 tu esplendor diré tan sólo. 
Voluptuosa te perfumas 
de junquillos y arirumas; 
cuando te adornas y encintas,
 en las áureas de tus quintas 
voluptuosa te perfumas. 
Goza del Plata al arrullo 
llena de garbo y orgullo, 
criolla sin par, 
blasonante de tu destino brillante, 
goza del Plata al arrullo. 
Triunfa, baila, canta, ríe;
 la fortuna te sonríe eres libre,
eres hermosa; entre sueños, 
color rosa, triunfa, baila, canta, ríe; 
¡Cuántos medran a tu sombra! 
Tu campiña es verde alfombra, 
tus astros vivos topacios; 
habitando tus palacios 
¡cuántos medran a tu sombra! 
Bajo de un humilde techo vivo, 
en tanto, satisfecho bendiciendo tu hermosura, 
que bien cabe la ventura bajo de un humilde techo. 
La riqueza no es la dicha; 
si perdí la última ficha al azar de la existencia, 
saqué en limpio esta sentencia: 
la riqueza no es la dicha. 
He nacido en Buenos Aires 
¡qué me importan los desaires 
con que me trate la suerte! 
Argentino hasta la muerte 
he nacido en Buenos Aires. 

Carlos Guido y Spano

martes, 22 de mayo de 2012

César Banana Pueyrredón

César "Banana" Pueyrredón, nombre con el que es conocido César Honorio Pueyrredón Tornquist. Nació el 7 de julio de 1952 en Buenos Aires. Es un prestigioso compositor y cantante argentino de pop y pop rock romántico. Es autor de notables canciones como "Conociéndote" y "No quiero ser tu amigo", entre otras. Su sobrenombre "Banana", proviene del nombre de la banda Banana, un famoso grupo de pop-rock en español que él fundara y liderara en los finales de la década del 60 y principios del 70. Comenzó a tocar piano a los 10 años. Su formación académica incluye la licenciatura en composición en la Facultad de Artes y Ciencias musicales de la Universidad Católica Argentina, donde se destacó por su promedio elevado. Cuando tenía 14 años, en 1966, junto con su hermano Daniel Pueyrredón, su primo Alejandro Giordano y dos compañeros de colegio Alex Altberg y Daniel Larré formaron la banda "The Missing Links" que más tarde se llamaría "Mad" y se separaron en 1968. Otra vez, César Pueyrredón, su hermano Daniel Pueyrredón y Alejandro Giordano más Tatu Lix Klett en batería, Jorge Estévez en primera voz y el Griego Jorge Scoufalos -con quien formaría una dupla autoral que sobreviviría a la Banda y seguiría hasta la muerte de Scoufalos en 2007-, en segunda voz formaron los "Sixcodelics". Tiempo después cambiaron el nombre por "Fever" ya con el Toro Martínez en batería en lugar de Tatu Lix Klett.1 Banana (1969-1984) En 1969, tras algunos cambios, César Pueyrredón pasa a ser el vocalista y la banda, que ya cantaba en español, cambió su nombre, así nació Banana. Sus integrantes iniciales fueron: César Pueyrredón (voz y teclados); Jorge “Griego” Scoufalos (guitarra y segunda voz); Daniel Pueyrredón (guitarra), Alejandro Giordano (bajo), Toro Martínez (batería). Dicha agrupación fue una de las primeras en cantar rock en español en Argentina. Alcanzó una gran popularidad en los finales de la década del 60 y principios del 70, y se caracterizó por su estilo inconfundible a partir de las composiciones melódicas de César y su estilo romántico. La banda impuso éxitos masivos que se volvieron clásicos de la música popular argentina, entre los que se destaca el tema "Conociéndote" (1971), así como "Negra no te vayas de mi lado" del mismo año, "Toda una noche contigo" y "Nadie podrá hacerme olvidar"(1973). La banda permaneció en el tiempo y terminó disolviéndose en 1984, iniciando César su carrera en solitario, durante la cual grabó once álbumes. Ya había sacado 2 álbumes solistas pero el despegue fue a partir de 1986 -cuando realiza el álbum "Está en vivo", una reinterpretación de éxitos de Banana- que hizo popular en nuevas generaciones temas como “Conociéndote”, “Toda una noche contigo” y “Aún es tiempo de soñar”. En 1987 editó "Más cerca de la vida", un año más tarde, "Ser uno mismo" y en 1990 "Tarde o temprano". Esta trilogía marcó su pico más alto de popularidad en su etapa solista, con shows masivos en teatros, como el Ópera. En su etapa solista se destacan sus canciones "Cuando amas a alguien", "Amor, te quiero todavía", "Felicidad, no tienes dueño", "No quiero ser tu amigo", "Tarde o temprano, así será" y "Por siempre, mi buen amor". Desde 1993 hasta 2010, sólo realizó 3 álbumes, de los cuales sólo uno contiene unicamente temas inéditos.2 3 En 2007 falleció Jorge Scuofalos, su amigo y compañero artístico de toda la vida. Es un deleite escuchar esta voz y su música.

sábado, 19 de mayo de 2012

Esperanza en Flores.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, era ya muy tarde. La lámpara de kerosene chistaba a la noche, aquietándola como una madre a un hijo que no quiere dormirse, y Esperanza se quedaba desvelada a las doce de la noche, después de haberse pasado el día durmiéndose en los rincones. Uno, dos, tres, cuatro, cinco habían sido los caballos negros atados al coche fúnebre que llevaron a su marido cubierto de flores hasta Chacarita, y desde ese día abundaban las visitas en la casa. Sus amigas la habían querido llevar a pasear un domingo porque estaba pálida. Uno, dos, tres, Esperanza se había hecho rogar, y después por fin había salido hasta la plaza de Flores y allí se había sentado en un banco con dos señoras vecinas, hermanas del almacenero. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, un hombre detrás de un árbol desabrochaba su pantalón y Esperanza miraba el cielo a través de las ramas. "Esperanza, no podés seguir así. Esperanza, no podés seguir así, te vas a enfermar. Hay que conformarse con el destino", le decían sus amigas. Uno, dos, tres, alguien golpeaba la puerta de entrada. Esperanza estaba en el punto liso de su tejido y dijo: "¿Quién es?". Florián entró despacito con los ojos dormidos. "¿Florián a estas horas?". Florián dormía en la cama de su hermana, no hacía ni media hora, cuando la madre lo despertó sacándolo a tirones: había visitas y no alcanzaban las camas. Salvo los domingos y días de fiesta era siempre de noche cuando llegaban las visitas: a esa hora la radio tocaba una música que las atraía, sin duda. Esperanza no conocía de esa casa más que a Florián. Los chismes de las vecinas caían sobre las hermanas y las madres, que tenían todas ondulaciones permanentes (¿croquiñol o permanente al aceite?; una seria discusión se había establecido entre las hermanas del almacenero), tenían todas barniz en las uñas y no pagaban al panadero. Florián se hacía la rabona y pedía limosna en la calle, desviando un ojo. Pero, casi siempre, con su cara de ángel ganaba más limosnas que con su ojo perdido. Esperanza no sabía ese tejemaneje, creía en la virtud azul de los ojos de Florián, en sus diez años, en su timidez, en su voz quejosa ejercitada en pedir limosnas. No hubiera admitido ni siquiera el sufrimiento o el hambre de un chico que se hace la rabona pidiendo limosna con un ojo voluntariamente tuerto. Hubiera visto a ese chico desmenuzarse debajo de un ómnibus, morirse de hambre en una esquina, suicidarse con un cuchillo sucio de cocina: no hubiera dado un paso para salvarlo. Sólo la virtud inocente de los ojos de Florián, igual a los ojos de un Niño Jesús, le ganaba el corazón, hasta hacerlo sentar a veces sobre sus escasas faldas a las doce de la noche cuando estaba sola. Entonces, creyendo salvarlo de su familia, le enseñaba oraciones que venían escritas detrás de las estampas, con veinte, cuarenta, cincuenta días de indulgencias...
Silvina Ocampo // Cuentos completos.

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viernes, 18 de mayo de 2012

El libro invisible

"Creo en un número incalculable de dioses que moran en el sonido, en la forma, en el color, en la fragancia. (...) Las flores y todos los elementos que componen la naturaleza tienen voces sutiles.
El espacio está tejido por estas voces. El silencio jamás es absoluto. 
En las noches más profundas oímos siempre un murmullo lejano, revelador de una suma de infinitesimales voces: todos los pensamientos que se formulan en el mundo vibran en esas voces. 
En una piedra podemos oír, si escuchamos con atención, el trayecto del tiempo; en el ruido de la lluvia podemos oír el diálogo vacilante de los primeros hombres; en ciertas plantas podemos oír a las mujeres de la antigüedad elaborar secretos; en el estruendo de las olas que se elevan en los mares podemos oír la aclaración de algunos hechos históricos; ciertas alondras nos traen anuncios del futuro más próximo. 
Si ustedes no se dignan oír estas voces, cómo podría un dios oír las vuestras?". 
(Fragmento) Silvina Ocampo

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