miércoles, 31 de julio de 2013
Tan Biónica
Bambi Moreno Charpentier: bajo, synth y programación
Chano Moreno Charpentier: voz
Diego Lichtenstein: batería y programación
Sebastián Seoane: guitarra
Tan Biónica se formó, en Capital Federal, en febrero de 2002 como resultado del encuentro de cuatro amigos para conjugar pop con música electrónica. A lo largo de su corta carrera ya compartieron escenarios con Juana La Loca, El Otro Yo, Catupecu Machu, Leo García y Miranda! entre otras bandas especializadas en esta búsqueda y fusión de ritmos.
"El nombre del grupo es una circunstancia ocasional derivada de la urgencia de tener que nomenclar a un grupo de amigos que hacen música para poder invitar a desconocidos a un concierto", recuerda Chano, y se explaya: "Con los años entendimos que podía referir a la fusión entre nuestra humanidad y los synthes que acompañan a nuestras canciones".
La potente base y los particulares arreglos se cruzaron en los caminos de un rock “bailable” con cercanías al deep house o al hip hop y transitando entre el swing del funk y la belleza del formato canción propiamente dicha.
El proceso de realización del primer trabajo de Tan Biónica, el maxi simple "Wonderful noches", fue de junio a noviembre de 2003. Contó con la participación de Ramtes González (Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta) como ingeniero de grabación, y la colaboración de Javier Calequi y Ariel Mizrahi en producción adicional.
La mezcla del proyecto estuvo a cargo Mariano López (también trabajó con Charly y Coty Sorokin entre otros) y el mastering en manos de el reconocido Eduardo Bergallo. Contiene cinco temas, entre los cuales "Veneno" fue elegido como corte difusión, con un videoclip dirigido por Marcelo Lamorte (también director de videos de García).
Este maxi-single vio la luz en marzo de 2004, luego de que la banda lo presentó en Niceto Club, Peteco´s (Lomas de Zamora) y The Roxy en dos oportunidades y con el corte de difusión (“Veneno”), Tan Biónica comenzó a sonar en radios, lo que posibilitó su participación en el festival “Quilmes Rock 2004” y en coronar con un cierre de año a un colmado Teatro Regina.
Durante el año 2005 la banda presentó los videos de "Veneno" y "Wonderful Noches". Este último en el show de televisión "Flamantes" de la señal de cable MTV Latina junto con otros artistas de renombre internacional. El material participó en el ranking anual de los "100 + Pedidos" del mismo canal.
"Wonderful Noches" fue dirigido y producido por Ignacio Lecouna y su productora “Bit Entertainment” en los estudios Central Park. El video fue presentado para el público en El Condado.
A comienzos del año 2006, Tan Biónica entró al estudio con el objetivo de pre-producir las canciones de su segundo disco: "Canciones del Huracán" que se editó por EMI Música Argentina, con 13 nuevas canciones y una versión de "Queso Ruso", clásico de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
"Arruinarse" fue el primer corte difusión que se ganó un lugar en las radios de fórmula y canales de música. Esto le permitió al grupo fidelizar su audiencia porteña y comenzar a girar por varias provincias. Además en 2010, “Canciones del Huracán” fue reeditado junto a "Wonderful Noches".
En 2010 la banda edita un nuevo trabajo: "Obsesionario" que se agota muy rápidamente. El segundo material de la banda de Chano, fue grabado en “El Cielito”, con producción de los Bersuit Vergarabat: Pepe Céspedes y Oscar Righi. Contiene 12 canciones que conjugan actitud rock con música electrónica y nocturnidad. El primer corte de difusión fue "Ella", cuyo videoclip fue el primero en Argentina que se grabó en 360°.
Además luego, “Beautiful”, “El Duelo” y “Obsesionario en La Mayor" , fueron los siguientes cortes de difusión del exitoso álbum, que mantuvieron a Tan Biónica en los tops de rotación radial de Argentina, logrando una buena penetración del grupo en España, México, Venezuela, Paraguay, Uruguay y Francia.
Asimismo, los videos de "Ella" y “Beautiful” y “Obsesionario en La Mayor” alcanzaron los primeros puestos de los rankings de los canales de música y pusieron a Tan Biónica en la vanguardia del uso de tecnologías, siendo la primera banda latinoamericana en utilizar recursos 360° y 3D en dichas producciones.
Con este nuevo disco, este cuarteto porteño recibió por parte de CAPIF, la cámara que representa a la industria argentina de la música, dos premios Carlos Gardel (“Mejor álbum Artista Pop” y “Mejor álbum Artista nuevo” ), y la Cadena 40 Principales le entregó el galardón de “Mejor Artista Argentino 2011”.
Con el “Obsesionario Tour”, Tan Biónica realizó más de 70 conciertos en distintos países y ciudades, llegando a cientos de miles de fanáticos.
En 2013, el grupo porteño lanzó "Destinología" con un completo uso de las redes sociales para anticiparlo.
domingo, 28 de julio de 2013
BALADA DEL AMOR IMPOSIBLE
Los cronistas más serios del barrio del Angel Gris coinciden en destacar
la propensión de sus habitantes hacia los amores imposibles.
Así, mientras los jóvenes de otros barrios se enamoran de muchachas
groseramente posibles, los hombres de Flores parecen condenados a
amar - casi siempre en secreto - a mujeres que no serán para ellos.
Y en honor a estas damas es que los Hombres Sensibles hacen lo que
hacen.
Algunos emprenden desde chicos el estudio del violín, únicamente
para aprender a tocar un vals en obsequio de su amada. No importa que
ella no alcance jamás a oírlo. Ese no es el punto.
Otros indagan los secretos de la versificación y se sumergen en el
dolor para lograr una poesía.
Hay quienes se ejercitan en el coraje y cultivan la guapeza. Y no
faltan los que eligen la melancolia o la locura.
Piensan los Hombres Sensibles que siendo mejores merecerán ser
amados. Y para la ética sentimental de este barrio, los mejores hombres
son artistas, valientes, tristes o locos.
Por eso los muchachos más virtuosos de Flores sufren por amor.
Esta realidad ha despertado la atención de todos y la piedad de muchos.
Cada semana, los enamorados de Flores reciben el consejo de sus
amigos sabios de otras barriadas.
- ¿Por qué amar a la Gran Marquesa del Norte, que es en realidad un
duende? ¿Por qué no conformarse con la hija del yesero?
Son voces tentadoras que exponen las ventajas del amor razonable.
A estas exhortaciones, los Hombres Sensibles responden - no sin
acierto - que en el amor no existe el libre albedrío y que nadie puede
decidir de quién va a enamorarse.
Sin embargo - ya a riesgo de caer en especulaciones psicológicas fuera
de tono - cabe reconocer que los muchachos del Angel Gris tienden a
aproximarse sentimentalmente a las mujeres que menos les convienen.
Los tratadistas de Villa del Parque y los Refutadores de Leyendas
sostienen que buscar pareja es una tarea enteramente racional y hasta
científica.
Vale la pena citar la novela didáctica "Hoy te amo con la cabeza", del
profesor Amadeo Battista. Esta obra esconde - apenas - la tesis
antedicha, entre los rotosos pliegues de su trama.
Parecidos criterios auspicia la esposa de este pensador, la doctora
Alba C. de Battista en su libro "Me casé con un cretino".
Muchos hombres de negocios, comerciantes e industriales de la
zona han entendido que el amor imposible es cosa nefasta, no sólo para
el que ama, sino también paa el desarrollo de las actividades productivas
en general.
Declaran estos lúcidos mercaderes que, por lo común, los enamorados
sin esperanza son pésimos empleados, más atentos al recuerdo de
unos ojos pardos que a la correcta realización de una nota de débito.
Tratando de reducir el número de desencuentros amorosos en
beneficio de la felicidad general, los Refutadores de Leyendas con la
ayuda de dos contadores de la Sociedad de Fomento de Villa Malcolm, prepararon
las Tablas del Amor Infalible, especie de regla de cálculo según la cual
las medidas del cuerpo del hombre, su coeficiente intelectual, su edad,
su educación, fortuna y berretines determinaban de un modo preciso a la
mujer más conveniente para sus planes amorosos.
Esto es ni más ni menos que la refutación de una leyenda o - lo que
es peor - su reducción a términos científicos. La leyenda es ésta:
"Hay para cada hombre una mujer, una sola, que reúne todas las virtudes
que ese hombre sueña. Su belleza está hecha para deslumbrar a ese
hombre.
Su voz ha sido creada para seducirlo. Su inteligencia, para sucitarle y
sugerirle ideas amables. Su ternura, para hacerle dulce el diario sufrimiento.
Esa mujer existe y anda por esas calles. Pero el destino ha decidido que
nunca jamás se crucen los caminos de ningún hombre con la mujer que para él
fue concebida."
Manuel Mandeb asegura en sus Memorias que cierta tarde creyó
reconocer a lo lejos a la mujer que le correspondía, conforme a la
leyenda. Inmediatamente se trabó en lucha con el destino y trató de alcanzar a la
muchacha. Lo consiguió en la esquina de Artigas y Avellaneda. Luego de
interceptarle el paso, procedió a explicarle la vieja creencia de los
Hombres Sensibles, mientras se secaba el sudor y trataba de recobrar el aliento.
Pero la mujer no conocía la leyenda, o tal vez la conocía y la acataba
puntualmente: dio media vuelta y se fue por Artigas hacia el norte.
Y ya que mencionamos a Manuel Mandeb, conviene recordar que su
ilegible prosa se alzó solitaria frente a los tratados racionalistas y a
los inventos de los Refutadores de Leyendas.
El polígrafo de Flores dejó un voluminoso estudio caratulado Registro
de amores imposibles en la linea del Sarmiento.
La obra consta de 914 fichas que corresponden a otros tantos casos
concretos de amor sin recompensa. Está dividida en cuatro cápitulos:
El primero, subtitulado Nunca le dije nada, es el más extenso y
registra episodios protagonizados por enamorados silenciosos.
El segundo, Negativas expone 115 rechazos, sus motivos, sus términos
y consecuencias, para no hablar de otros detalles más bien superfluos
que suelen recargar toda la obra de Manuel Mandeb.
El tercer cápitulo, Amargo desengaño, cataloga 126 decepciones,
incluidas cuatro padecidas por el propio autor.
El cuarto y último cápitulo es un inspirado texto romántico que se
conoce como Elogio del amor inconcluso. Veamos este párrafo:
"...Así como las personas que mueren en la plenitud nos ahorran el
recuerdo de su vejez, los amores interrupidos abruptamente siguen siguen
viviendo en nuestro corazón no como brasas agonizantes, sino como horrorosas
llamas que queman cada noche...
"...No hay mejor amor que el que nunca ha sido. Los romances que
alcanzan a completarse conducen inevitablemente al desengaño, al encono
o a la paciencia; los amores incompletos son siempre capullo, son siempre
pasión."
Pero dejemos ya a Manuel Mandeb y reflexionemos sobre ese delicado
asunto. Es cierto que infinidad de personas decentes viven la módica
dicha del amor común y corriente.
Pero el amor imposible, aquél del cual solamente son capaces los
Hombres Sensibles de Flores, es el único cabalmente maravilloso y digno
de admiración.
Ocurre así: un muchacho se enamora de la Mujer Más Hermosa.
Desde ese momento, su vida no tiene otro sentido que ese amor.
Sin embargo, el hombre sabe que no tiene chance en esa carrera,
pues las Mujeres Más Hermosas suelen casarse con otros caballeros,
generalmente ricos o buenos mozos o ambas cosas.
Sus buenos amigos le aconsejarán el olvido, pero este hombre ha
nacido en Flores y no tiene la menor intención de gambetear el dolor.
Y cada día deja mansamente que la tristeza le invada los huesos y que
tiña hasta el último de sus pensamientos.
A veces, las distracciones y los mundanos asuntos amenazarán con
hacerle olvidar siquiera por un momento su amor y pesadumbre. Pero el
hombre reaccionará inmediatamente y se sumergirá otra vez en su propio
abismo.
Que nadie se engañe. Este hombre que ríe a carcajadas cuando algún
conocido le refiere el cuento de los supositorios, está pensando en su
amor imposible.
Y la sangre que hincha sus venas es negra y espesa.
Pero, atención. Este amor que lo hace desgraciado es el que le hace
mejor. El ya ha renunciado a la Mujer Más Hermosa. Jamás padecerá
decepciones. Su pasión no envejecerá ni se envilecerá. Nadie podrá
engañarlo.
Y a fuerza de bañarse cada día en el sufrimiento, habrá aprendido el
secreto de la resignación.
Los caballeros exitosos no conocerán jamás la verdadera escencia del
amor imposible. Ellos jamás juegan su vida a una sola baraja. Con toda
prudencia realizan inversiones en uno y otro lugar para compensar con
unas las pérdidas ocasionadas por otras.
Pero el amor imposible no es cosa de prudentes, sino de Quijotes.
Sólo cuatro veces en doce años vio Alonso Quijano a Aldonza
Lorenzo.
Jamás cruzaron palabra. Pero eso le bastó para vivir en ella y por
ella.
Sin esperar recompensa.
Por eso, señores, si acaso atesoran ustedes uno de estos metejones
locos, a no arrepentirse. Sigan soñando y esperando lo imposible. Aunque
sepamos que nuestras ilusiones no habrán de cumplirse nunca, sigamos
acariciándolas. Lo contrario sería - como pensaba Wimpy - confundir
una ilusión con un pagaré.
Será una larga jornada. Muchas veces tendremos ganas de contar
nuestra pena, pero no podremos hacerlo, para no profanarla. Siempre
estaremos solos y tristes, pero no es para tanto. Después de todo, ya
se sabe que los únicos paraísos que existen son los paraísos perdidos.
Alejandro Dolina.
viernes, 26 de julio de 2013
"La decadencia de la amistad" - Alejandro Dolina.
Muchos pensadores han creído notar que, en estos tiempos, la amistad es más un tema de conversación que una actividad concreta. Por cierto, es relativamente fácil encontrar personas dispuestas a componer canciones sobre los amigos. En cambio es bastante difícil conseguir que esas mismas personas le presten a uno dinero. Según parece, el sentimiento amistoso se halla en decadencia. Todos los días uno tropieza con canallas que lejos de preocuparse por la escasez de amigos, se jactan de ella. -Yo, amigos, lo que se dice amigos, tengo muy pocos, o ninguno- nos gritan en la cara. Y no advierte que el sujeto está esperando que lo feliciten por semejante hazaña. [...]
Cuando uno es joven no cuenta historias a sus amigos: las vive con ellos. [...]
Todavía en nuestro tiempo hay personas que se complacen en declarar que los perros son más leales y sinceros que los humanos. Cabe sobre esto una pequeña reflexión. Tal vez sea cierto que los perros no traicionan. Pero esto no es en realidad una virtud del animal. Ocurre simplemente, que la módica organización mental del perro le impide realizar procesos tan complicados como una estafa. Es decir: los perros no pueden traicionarnos, por la misma razón que no se les permite escribir novelas. Hoy cuando ya no existe la Agencia Amigos de Ocasión, vale la pena preguntarse si no será necesario inventar algo para reemplazarla. Será difícil, desde luego. Nadie podrá rescatar a los amigos perdidos. Poco podrá hacerse para librarnos de los desconocidos que llenan nuestro tiempo. En todo caso, cada uno de nosotros deberá cuidar lo poco que tenga. [...]
Se trata únicamente de sentarse un rato en la vereda o de matear en silencio con los que están más cerca de nuestro espíritu. Si uno no tiene ya a los de antes, cabe decir que tal vez existen en el mundo amigos viejos a los que todavía no conocemos...
Fragmentos de "La decadencia de la amistad" - Alejandro Dolina.
Todavía en nuestro tiempo hay personas que se complacen en declarar que los perros son más leales y sinceros que los humanos. Cabe sobre esto una pequeña reflexión. Tal vez sea cierto que los perros no traicionan. Pero esto no es en realidad una virtud del animal. Ocurre simplemente, que la módica organización mental del perro le impide realizar procesos tan complicados como una estafa. Es decir: los perros no pueden traicionarnos, por la misma razón que no se les permite escribir novelas. Hoy cuando ya no existe la Agencia Amigos de Ocasión, vale la pena preguntarse si no será necesario inventar algo para reemplazarla. Será difícil, desde luego. Nadie podrá rescatar a los amigos perdidos. Poco podrá hacerse para librarnos de los desconocidos que llenan nuestro tiempo. En todo caso, cada uno de nosotros deberá cuidar lo poco que tenga. [...]
Se trata únicamente de sentarse un rato en la vereda o de matear en silencio con los que están más cerca de nuestro espíritu. Si uno no tiene ya a los de antes, cabe decir que tal vez existen en el mundo amigos viejos a los que todavía no conocemos...
Fragmentos de "La decadencia de la amistad" - Alejandro Dolina.
martes, 23 de julio de 2013
Alejandro Dolina
Los justicieros
Hace muchos años se fundó en Buenos Aires, no sin formalidades de estatuto y juramento, la Sociedad de los Reventadores, una patota de espectadores teatrales cuya finalidad era hostilizar al género chico español.
Los principios en nombre de los cuales procedían eran ciertamente dos: el primero, un disgusto artístico ante las obras precitadas; el segundo, un resentimiento de criollo desplazado.
Los Reventadores asistían a las salas teatrales a veces hasta en número de cien. Pagaban la entrada para que los eventuales gestos de rechazo formaran parte de la protesta permitida al espectador defraudado. Debe señalarse que la indignación no surgía de las torpezas artísticas que iban observando, sino que éstas eran la señal para hacer estallar unos enconos que ya traían de su casa.
Los procedimientos eran los usuales para arruinar una función: silbidos, abucheos, frases de reprobación, rimas con la última palabra de cada parlamento y, en los casos más graves, estallido de petardos, invasión del escenario, desalojo de los actores y destrucción de las instalaciones. Con los años, la Sociedad fue decayendo o, acaso, el género chico español fue mejorando.
Y en 1910 eran un recuerdo. Pero mucho después iba a surgir otra cofradía más rigurosa que la anterior y más secreta: hablo de Los Justicieros de las Tablas. Se ha dicho repetidamente que este grupo fue una de las tantas consecuencias de una patología clásica de los espectadores teatrales: la confusión entre lo ficticio y lo real. Sin embargo, ha venido a saberse que el jefe secreto de aquellos conjurados era nada menos que Enrique Argenti, el enloquecido director de Barracas. Los Justicieros se precipitaban al escenario cada vez que se producía un acto de maldad o de bajeza. Por regla general, trataban de impedir los crímenes y las traiciones. Muchas veces revelaban al personaje cuya muerte se tramaba lo que habían planeado los conspiradores en la escena anterior. Cuando no podían impedir los actos viles, se conformaban con castigar a los responsables. Pero hay un detalle singularísimo: durante sus invasiones ejercían una impecable conducta teatral. Es decir, se conducían como actores, con impostaciones y movimientos de notable academicismo. Para evitar ser reconocidos iban enmascarados o disfrazados.
Algunos historiadores, desconociendo la participación de Enrique Argenti tenían, sin embargo, la vaga intuición de que la Hermandad estaba integrada por actores enfurecidos por la falta de reconocimiento. Otros han hablado de empresarios inescrupulosos que enviaban Justicieros para hacer fracasar las obras de la competencia. Actores o no, la violencia era casi inevitable. Los fratricidas eran especialmente castigados. Críticos memoriosos han conservado este fragmento de Hamlet. El rey Claudio, asesino de su hermano, está planeando la muerte de su sobrino: CLAUDIO: Dale, Inglaterra, a Hamlet pronta muerte.
Mientras no sepa que está dado el golpe, por bien que me tratare la fortuna, no hallaré paz ni dicha en parte alguna. ENRIQUE ARGENTI: ¡Qué dicha ni qué paz, juna gran siete! Ahora Hamlet rumbo a su fin se embarca; detén a tus sicarios, vamos, vete o a la primera patada en el juanete vas a volar por toda Dinamarca. A Otelo llegaron a conversarlo durante media hora para hacerle entender que Desdémona no lo engañaba. A Segismundo lo durmieron de una pina. Para aplacar a Antígona, Argenti representó el papel del finado Polinices regresando de la muerte. Por temor a estas invasiones muchos directores modificaban los diálogos y aun los argumentos, para evitar cualquier infracción a la más estricta moral. Pero con el tiempo, los principios éticos del grupo se fueron resquebrajando. Se dice que, algunas veces, los Justicieros invadían el escenario sólo para sacar ventajas personales. En 1951, Enrique Argenti se coló en la cama de Julieta. En ese mismo año, atropellaron a las bailarinas de la revista. Estos churros son porteños. También se robaron unos jarrones egipcios de la escenografía de Antonio y Cleopatra. En el momento de su apogeo, el público festejaba las apariciones de los Justicieros con impresionantes ovaciones. Pero este éxito generó una verdadera calamidad artística: ciertos empresarios voraces prepararon falsos justicieros que, siguiendo un libreto, interrumpían las escenas. Estas intervenciones eran anunciadas en el programa para atraer a los espectadores. A partir de entonces, resultó difícil distinguir entre los Justicieros originales y sus mezquinos imitadores.
Allá por 1955, apareció un segundo grupo con fines opuestos. Se llamaron a sí mismos Los Guardaespaldas del Autor. Asistían a los teatros para garantizar el cumplimiento del plan original de cada obra y sólo se movilizaban ante la eventual aparición de los hombres de Argenti. En tales casos, subían también ellos al escenario y empezaban las controversias verbales, los empujones y los sillazos. Cada obra era entonces un campo de batalla entre la ortodoxia y la heterodoxia, entre los que querían que Edipo se acostara con su madre y los que querían impedirlo a toda costa. Algunos se entusiasmaron con estos sucesos y declararon que nacía una nueva dramaturgia. Muy pronto se comprendió que ese nuevo teatro no era otra cosa que el teatro de siempre, ya que toda obra es un encontronazo entre seres que tratan de hacer prevalecer sus deseos.
Los Justicieros y los Guardaespaldas se aniquilaron en su propia redundancia. Su declive fue lento: las invasiones del escenario se volvieron esporádicas, el alto precio de las entradas redujo su número y un público mayoritariamente conformista los fue aplacando a fuerza de chistidos. Hoy, ya domesticadas las muchedumbres burguesas por la vasta acción homogeneizante de la televisión, nadie se indigna ante las bajezas artísticas. Los Reventadores, Los Justicieros y aun los Guardaespaldas han desaparecido de los teatros. De Enrique Argenti no se tenían noticias. Pero la otra noche, a la hora en que estaba a punto de terminar la telenovela más exitosa, mientras los vecinos obedientes de la ciudad aceptaban pasivamente un casamiento imperdonable, se oyó una voz que resonaba desde algún patio: —¡Hijos de puta! ¡Despierten! El arte es grande y la vida es breve. Apaguen el televisor y salgan a la calle a vivir, a vivir que nos estamos muriendo…
Fuente: Libro: Bar del infierno
Hace muchos años se fundó en Buenos Aires, no sin formalidades de estatuto y juramento, la Sociedad de los Reventadores, una patota de espectadores teatrales cuya finalidad era hostilizar al género chico español.
Los principios en nombre de los cuales procedían eran ciertamente dos: el primero, un disgusto artístico ante las obras precitadas; el segundo, un resentimiento de criollo desplazado.
Los Reventadores asistían a las salas teatrales a veces hasta en número de cien. Pagaban la entrada para que los eventuales gestos de rechazo formaran parte de la protesta permitida al espectador defraudado. Debe señalarse que la indignación no surgía de las torpezas artísticas que iban observando, sino que éstas eran la señal para hacer estallar unos enconos que ya traían de su casa.
Los procedimientos eran los usuales para arruinar una función: silbidos, abucheos, frases de reprobación, rimas con la última palabra de cada parlamento y, en los casos más graves, estallido de petardos, invasión del escenario, desalojo de los actores y destrucción de las instalaciones. Con los años, la Sociedad fue decayendo o, acaso, el género chico español fue mejorando.
Y en 1910 eran un recuerdo. Pero mucho después iba a surgir otra cofradía más rigurosa que la anterior y más secreta: hablo de Los Justicieros de las Tablas. Se ha dicho repetidamente que este grupo fue una de las tantas consecuencias de una patología clásica de los espectadores teatrales: la confusión entre lo ficticio y lo real. Sin embargo, ha venido a saberse que el jefe secreto de aquellos conjurados era nada menos que Enrique Argenti, el enloquecido director de Barracas. Los Justicieros se precipitaban al escenario cada vez que se producía un acto de maldad o de bajeza. Por regla general, trataban de impedir los crímenes y las traiciones. Muchas veces revelaban al personaje cuya muerte se tramaba lo que habían planeado los conspiradores en la escena anterior. Cuando no podían impedir los actos viles, se conformaban con castigar a los responsables. Pero hay un detalle singularísimo: durante sus invasiones ejercían una impecable conducta teatral. Es decir, se conducían como actores, con impostaciones y movimientos de notable academicismo. Para evitar ser reconocidos iban enmascarados o disfrazados.
Algunos historiadores, desconociendo la participación de Enrique Argenti tenían, sin embargo, la vaga intuición de que la Hermandad estaba integrada por actores enfurecidos por la falta de reconocimiento. Otros han hablado de empresarios inescrupulosos que enviaban Justicieros para hacer fracasar las obras de la competencia. Actores o no, la violencia era casi inevitable. Los fratricidas eran especialmente castigados. Críticos memoriosos han conservado este fragmento de Hamlet. El rey Claudio, asesino de su hermano, está planeando la muerte de su sobrino: CLAUDIO: Dale, Inglaterra, a Hamlet pronta muerte.
Mientras no sepa que está dado el golpe, por bien que me tratare la fortuna, no hallaré paz ni dicha en parte alguna. ENRIQUE ARGENTI: ¡Qué dicha ni qué paz, juna gran siete! Ahora Hamlet rumbo a su fin se embarca; detén a tus sicarios, vamos, vete o a la primera patada en el juanete vas a volar por toda Dinamarca. A Otelo llegaron a conversarlo durante media hora para hacerle entender que Desdémona no lo engañaba. A Segismundo lo durmieron de una pina. Para aplacar a Antígona, Argenti representó el papel del finado Polinices regresando de la muerte. Por temor a estas invasiones muchos directores modificaban los diálogos y aun los argumentos, para evitar cualquier infracción a la más estricta moral. Pero con el tiempo, los principios éticos del grupo se fueron resquebrajando. Se dice que, algunas veces, los Justicieros invadían el escenario sólo para sacar ventajas personales. En 1951, Enrique Argenti se coló en la cama de Julieta. En ese mismo año, atropellaron a las bailarinas de la revista. Estos churros son porteños. También se robaron unos jarrones egipcios de la escenografía de Antonio y Cleopatra. En el momento de su apogeo, el público festejaba las apariciones de los Justicieros con impresionantes ovaciones. Pero este éxito generó una verdadera calamidad artística: ciertos empresarios voraces prepararon falsos justicieros que, siguiendo un libreto, interrumpían las escenas. Estas intervenciones eran anunciadas en el programa para atraer a los espectadores. A partir de entonces, resultó difícil distinguir entre los Justicieros originales y sus mezquinos imitadores.
Allá por 1955, apareció un segundo grupo con fines opuestos. Se llamaron a sí mismos Los Guardaespaldas del Autor. Asistían a los teatros para garantizar el cumplimiento del plan original de cada obra y sólo se movilizaban ante la eventual aparición de los hombres de Argenti. En tales casos, subían también ellos al escenario y empezaban las controversias verbales, los empujones y los sillazos. Cada obra era entonces un campo de batalla entre la ortodoxia y la heterodoxia, entre los que querían que Edipo se acostara con su madre y los que querían impedirlo a toda costa. Algunos se entusiasmaron con estos sucesos y declararon que nacía una nueva dramaturgia. Muy pronto se comprendió que ese nuevo teatro no era otra cosa que el teatro de siempre, ya que toda obra es un encontronazo entre seres que tratan de hacer prevalecer sus deseos.
Los Justicieros y los Guardaespaldas se aniquilaron en su propia redundancia. Su declive fue lento: las invasiones del escenario se volvieron esporádicas, el alto precio de las entradas redujo su número y un público mayoritariamente conformista los fue aplacando a fuerza de chistidos. Hoy, ya domesticadas las muchedumbres burguesas por la vasta acción homogeneizante de la televisión, nadie se indigna ante las bajezas artísticas. Los Reventadores, Los Justicieros y aun los Guardaespaldas han desaparecido de los teatros. De Enrique Argenti no se tenían noticias. Pero la otra noche, a la hora en que estaba a punto de terminar la telenovela más exitosa, mientras los vecinos obedientes de la ciudad aceptaban pasivamente un casamiento imperdonable, se oyó una voz que resonaba desde algún patio: —¡Hijos de puta! ¡Despierten! El arte es grande y la vida es breve. Apaguen el televisor y salgan a la calle a vivir, a vivir que nos estamos muriendo…
Fuente: Libro: Bar del infierno
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