viernes, 28 de junio de 2013

Mirar la luna

Una noche de verano sumamente calurosa, una noche de fines de diciembre, salí a tomar aire afuera de la cabaña que ocupaba termporariamente.
La noche era apacible y hermosa. A mi alrededor todo era quietud y en el aire flotaba un no sé qué extraño y fascinante. El cielo estaba totalmente despejado y me pareció un océano lleno de misterios. De pronto, sin saber por qué, me dieron unas ganas bárbaras de mirar la luna. La busqué y la busqué con la mirada, y nada. No se la veía por ningún lado. Me puse un par de anteojos, y nada. Me los saqué, los limpié cuidadosamente, me los volví a poner... nada. Recordé que tenía un potente telescopio portátil. Me pasé un rato largo mirando el cielo a través de su lente, pero la luna no aparecía por ningún lado. Ni siquiera opacaba por su presencia. Nubes no había ni una. Estrellas, un montón. Pero la luna no estaba. Me fijé en el almanaque. Era un día de luna llena. ¿Cómo podía ser que no estuviera? ¿Dónde se habría metido? En algún lugar tenía que estar. Decidí esperar.
Esperé con ganas. Esperé con impaciencia. Esperé con curiosidad. Esperé con ansias. Esperé con entusiasmo. Esperé y esperé. Cuando terminé de esperar miré al cielo, y nada. Cuando pude sobreponerme a mi decepción, me serví un café. Lo bebí lentamente. Cuando lo terminé de tomar la luna seguía sin aparecer. Me serví otro café. Cuando lo terminé de tomar ya había tomado dos cafés. Pero de la luna, ni noticias. Después del décimo café la luna no había aparecido y a mí se me había terminado el café. Paciencia por suerte todavía tenía. Consulté las tablas astronómicas que siempre llevaba en la mochila. Eclipse no había. Pero de la luna, ni rastros. Volví a tomar el telescopio. Enfoqué bien, en distintas direcciones. El cielo nocturno era maravilloso y, como tantas otras veces, me sorprendió mucho encontrar algo que no esperaba ver. Mucho menos en ese momento y en ese lugar. Ahí a lo lejos, entre tantas galaxias con tantas estrellas y tantos cuerpos desconocidos que se movían en el espacio había un pequeño planeta con un cartelito que decía "Tierra". Le di mayor potencia al telescopio y pude ver claramente que en la terraza de mi casa todavía estaba colgada la ropa que me había sacado antes de ponerme el traje de astronauta. Adentro, en el comedor, mi esposo y los chicos comían ravioles con tuco y miraban un noticiero por televisión. En ese momento justo estaban mostrando una foto mía y el Servicio de Investigaciones Espaciales informaba que yo había alunizado sin dificultades. Me tranquilicé y me quedé afuera, disfrutando serenamente de la noche, mirando todo con la boca abierta, absorta en vaya a saber qué, tan distraída como siempre, totalmente en la luna.
Adela Basch
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miércoles, 26 de junio de 2013

Poesías sobre calles y barrios de la ciudad de Buenos Aires

Montañeses
La lluvia estalla en la montaña
está ya
lloviendo.
Y mientras, desde el desván,
yo viendo
que el bosque se desvanece.
Los árboles ceden sus ramas
al agua que se derrama
y cae de rama en rama.
Helada baja el agua, impetuosa llega
el hada de la montaña.

Boyacá
En la calle Boyacá
alguien pela una cebolla.
Pero al ponerla en la olla,
cae rodando y se abolla.
Que sea boya la olla
en la calle Boyacá.
Me detengo. Voy acá.

Tejedor
En la calle Tejedor,
en el jardín de una villa
al asomarse la tarde
la vi a Ana, que ovilla.
Ovilla Ana su lana
y con agujas en punta
va tramando maravillas
mientras las hebras se juntan.
Un farol vierte su luz
sobre el tejido que oscila
cuando Ana con la lana
delicadas tramas hila.
Y sus manos no desmayan
mientras el tejido traza
el contorno y los matices
de unas figuras con rayas.

Caballito
A un barrio tranquilo
de sencilla gente
llega un jinete
y desensilla urgente.
Dense silla, gente,
a tomar asiento.
Sí, ya llega alguien
a contar un cuento.
A caballo llega
acaba ya de llegar
y acá van ya sus palabras
que se largan a rodar.
"Supo haber en este barrio
que tanto otoño barrió,
un equino tan pequeño
que aquí no hay quien lo vio.
Era un caballo alado
de muy escasa estatura
que pasaba por al lado
con su insólita figura.
Y aunque algunos se resistan
a aceptar extraños hechos
yo sé que hay noches que vuelve
a volar sobre los techos."
Y dichas estas palabras
montó su cabalgadura
y en menos que canta un gallo
fueron una miniatura.
Y se alejaron volando
despacito, despacito,
saludando con las alas
al barrio de Caballito.

Un rincón de Palermo
Estalle nomás el verso
por los cielos de Palermo,
que está lleno de secretos
el universo porteño.
Está llegando el momento
de descubrir con detalle
las misteriosas sorpresas
que guardan algunas calles.
De talle más bien pequeño
y deslumbrante mirada
un tallador va tallando
historias de las barriadas.
Batallando con el ritmo
de las noches y los días,
en el taller de la vida
va tallando su poesía.
Se lo ve en cualquier momento
del verano o el invierno
desparramando palabras
por las calles de Palermo.
No hay una sola calle
donde calle su poesía
pero sí hay callecitas
que son citas de sus rimas
donde se arrima a cantar
desventuras y alegrías.
Y una de esas callecitas
es la calle Demaría,
en un rincón de Palermo
donde brota esta poesía:
Si yo amara a María,
¿no amaría a Mara?
Si yo a Mara amara
¿no amaría a María?
Si yo amara, amaría,
y amaría, si amara.
Y amo, y amaré
y también amara y amaría
andar a diario por mi barrio
y recorrer la calle Demaría
salpicando al vecindario
con un poco de poesía.


Adela Basch
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sábado, 22 de junio de 2013

Juan Antonio Ferreira, JAF

Juan Antonio Ferreira, JAF, fue vocalista de Riff, la banda de Pappo Napolitano, en 1985. Evidentemente que la popularidad de ese, uno de los grupos más importantes del rock nacional, fomentó la figura de buen cantante y guitarrista. Su primer hit solista fue "Entrar en vos", del disco homónimo (1989). "Diapositivas" (1990) fue presentado en vivo en la Capital y luego en el estadio de River, como telonero de Eric Clapton / Bryan Adams. "Salida de emergencia" (1991) fue su tercer álbum, con la difusión de "Todo mi amor". Ya consolidado como solista y sin el peso de "haber sido el cantante de Pappo", JAF realizó una extensa gira nacional que lo mantuvo alejado de los escenarios porteños. Regresó para la presentación de su cuarto CD, "Me voy para el sur" (1992). "Hombre de blues" (1994) fue grabado y mezclado en Nueva York. Fue uno de los artistas más aplaudidos en el Homenaje a Carlos Gardel, organizado en el Teatro Presidente Alvear por la Secretaría de Cultura de la Nación. "Corazón en llamas" (1995) fue su sexto disco, también grabado en Nueva York. "Número 7" se llamó el siguiente álbum, editado en forma independiente por el sello "Pistas candentes", creado especialmente para la oportunidad. "Adrenalina" (2003) fue presentado en agosto del 2003 en el Teatro Premier. El disco fue grabado y mezclado por Martín Toledo y Sebastián Manta bajo la producción artística del propio JAF. La banda que lo acompañó estuvo integrada por Jorge Luis "Patón" Cimino en batería, Germán Wintter en bajo, Daniela López y Gladys Caldas en coros. A fines de 2010 editó "Vivo", su primer CD/DVD, con material registrado en octubre en el Teatro Coliseo de Buenos Aires, acompañado por su banda Pablo Santos en bajo y Beto Topini en batería, además de Clara Pinto y Luciana Ardito en coros, Mauricio Marcelli y Hugo Romero en violín y guitarra, y su propia hija Virginia Ferreyra en voz y coros.

PRIMAVERA

La primavera se descarga de golpe en estas latitudes. 
Un día, como el de hoy, al levantarse uno a la mañana advierte que las flores de los garabatos ya están en el ambiente aromatizándolo con su cálido perfume que se puede palpar, casi, con la lengua. 
 Las ckellusisas alfombran él paisaje en estallido de flores amarillas. Las abejitas silvestres acarrean el polen, diligentes; ellas vienen a levantar agua en las filtraciones de la tina, en este fin del invierno con sus meses de seca. Ya se ven en los árboles los doseles de "hilos de la virgen" ( o "babas del diablo", como uno prefiera), briznas de tela de las arañitas esas que van por el aire -viajeras insólitas- suspendidas de sus tenues paracaídas de una sola hebra. 
 La naturaleza toda comienza a movilizarse. 
Los pájaros cantan, buscando pareja, mientras rayan el aire con sus vuelos. 
Los abejorros ronronean su pesado andar.
 --Se va a poner lindo el campo este año, señor.
 --Es cierto, Elo—respondo devolviéndole el mate vacío--, el campo va a estar muy alegre.
 Del libro "Shalacos" (1975). 
Jorge W. Ábalos 
Material compilado y revisado por la educadora argentina Nidia Cobiella (NidiaCobiella@Educar.Org)
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