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Y aquella noche, cuando el año justamente acababa y se festejaba en la ciudad una vez más la lituragia de ese tiempo, dejé, una vez más, el manuscrito casi concluido de Las Cuarenta noches, y empece a escribirle esta historia.
Me apresuré a escribirla en poco tiempo, febrilmente.
Necesitaba confesarme.
Necesitaba confiársela, era lo que podía hacer por usted.
Aquí está. Se la doy. ¡Es tan larga y tan trabajosa!
Cuando la abra y entre en ella con asombro, piense en lo que le quise decir.
Piense en lo que siempre representó para mí.
Piense que no está sola.
Que yo mismo-después de tanto andar-tampoco estoy solo. Y que nuestra aparente soledad no es más que una más y secreta compañía.
Piense que si hemos pasado por el laberinto de las más duras amarguras, llevando adentro tantas;imágenes, tal vez ilusorias, tantos deseos, tantas oposiciones, tantas disconformidades, tantas rebeldías y frustraciones y caídas, tantos sueños aparentemente inútiles y actitudes visiblemente nulas -e incluso visto caer sangre cerca de nuestras manos inhábiles-, todo es, quizás, porque lo que con nosotros alguna vez cayó, era necesario que cayera, a fin de ser en sí, en la caída, en tanta decepción y tanta muerte, ese sacrificio sin el que nada nuevo, diferente, nace. Piense que si no somos multitud, somos;compañía;dentro de la multitud.(...)
¿Cree usted que Acevedo, que Anselmi, que Jimenez, que Denis Atkinson, que el profesor Autorello, que esa pobre Gloria Mabil, eran fracasados?
Espero que se habrá hecho, después de conocerlos, amiga de ellos. No, eran tal vez equivocados. Eran tal vez ineficaces, eran tal vez ilusos, eran tal vez algo perdido; pero no fracasados. Eran conciencia sin precio y lo que no se vende es lo que entra en la naturaleza.
Lo que se vende es lo; prácticamente; útil o lo temporalmente suntuoso, pero lo contrario de eso es lo que camina en dirección algo mas temporal.
Todos ellos y usted misma, han llegado a ese sitio que lame sin corroerlo el mar de la furia, de la persecusión y de la adversidad.
Todos ellos, y usted, quién sabe cuántos otros en este mundo, han llegado a esa bahía, a ese lugar de espera, a esa bahía donde concentran su silencio y donde su fruto se prepara sin miedo a la tormenta, el ciclón, el vil tiempo.
¡Qué hermosa y qué profunda es la Bahía!
Así están los que, de su fracaso, han hecho un triunfo. A ellos y a usted los guarda -en esta hora-la bahía del silencio. A todos los veo ahí, silenciosos y expectantes.
Los ganadores salen al alba pero los triunfadores vuelven de noche. Es decir, que lo que cuentan sólo con el botín se pierden al fin en el empeño, y la hora final, a quienes trae elegidos es a los ;triunfadores; definitivos
Yo estoy al lado de los que esperan el triunfo final recogidos en la bahía, en la bahía del silencio.
Eduardo Mellea, obras completas. 1956
Eduardo Mallea(14 de agosto de 1903, Bahía Blanca, Argentina - † 12 de noviembre de 1982, Buenos Aires) fue un escritor y diplomático argentino.
TAN BIONICA
continúa presentando su flamante "Canciones del Huracán".
Luego del estreno de Arruinarse, primer corte del disco, la banda prepara el segundo sencillo "Chica Biónica".
Toneladas de ritmos y géneros que recorren cada centímetro de tu cuerpo.
Melodías encantadoras, letras intensas, "Canciones del Huracán" rescata el sonido de la banda en vivo, sin descuidar los detalles de producción que identifican la estética sonora de Tan Biónica.
Este segundo disco de la banda invita a detenerse en las letras, en los climas y una idea conceptual que sobrevuela las 14 piezas.
Habrá que descubrirla.
Revelar cada una de estas historias será el único objetivo de Tan Biónica, para que "El Huracán" aparezca, una y otra vez, ahí donde menos lo esperamos...
Para los shows del primer turno (21 a 24 hs) la boletería de NICETO CLUB abre a partir de las 20:30 hs para la venta de entradas a precio de ENTRADA GENERAL del show a comenzar.
En este horario no se venderán entradas anticipadas para otros shows.
Para el ingreso a las fiestas por disposición del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires la entrada está permitida hasta las 4 am.
Después de ese horario el ingreso al local está expresamente prohibido por la ley.
He nacido en Buenos Aires
¡qué me importan los desaires
con que me trate la suerte!
Argentino hasta la muerte
he nacido en Buenos Aires.
Tierra no hay como la mía;
ni Dios otra inventaría
que más bella y noble fuera!
¡Viva el sol de mi bandera!
Tierra no hay como la mía.
Hasta el aire aquí es sabroso;
nace el hombre alegre, brioso,
y las mujeres son lindas
como en el árbol las guindas;
hasta el aire aquí es sabroso.
¡Oh, Buenos Aires, mi cuna!
¡De mi noche amparo y luna!
aunque en placeres desbordes,
oye estos dulces acordes
¡oh, Buenos Aires, mi cuna!
de rosas y rayos de oro:
eres del mundo tesoro,
fanal de amor encendido.
¿Quién al verte no te admira
y al dejarte no suspira
por retornar a tus playas?
Deidad de las fiestas mayas,
¿quién al verte no te admira?
De tus glorias que otros canten,
y a las nubes te levanten
entre palmas y trofeos.
Yo no asisto a esos torneos:
De tus glorias que otros canten.
Tu esplendor diré tan sólo,
si no del ya viejo Apolo
con la lira acorde y fina,
en mi guitarra argentina
tu esplendor diré tan sólo.
Voluptuosa te perfumas
de junquillos y arirumas;
cuando te adornas y encintas,
en las áureas de tus quintas
voluptuosa te perfumas.
Goza del Plata al arrullo
llena
de garbo y orgullo,
criolla sin par,
blasonante
de tu destino brillante,
goza del Plata al arrullo.
Triunfa, baila, canta, ríe;
la fortuna te sonríe
eres libre,
eres hermosa;
entre sueños,
color rosa,
triunfa, baila, canta, ríe;
Cuántos medran a tu sombra!
Tu campiña es verde alfombra,
tus astros vivos topacios;
habitando tus palacios
¡cuántos medran a tu sombra!
Bajo de un humilde techo
vivo,
en tanto, satisfecho
bendiciendo
tu hermosura,
que bien cabe
la ventura
bajo de un humilde techo.
La riqueza no es la dicha;
si perdí la última ficha
al azar
de la existencia,
saqué en limpio
esta sentencia:
la riqueza no es la dicha.
He nacido en Buenos Aires
¡qué me importan los desaires
con que me trate la suerte!
Argentino hasta la muerte
he nacido en Buenos Aires.
Carlos Guido y Spano
¡Oh soledad! ¡Oh murmurante río,
A cuya margen espontáneos crecen
Los árboles frondosos, que el otoño
Despoja ya de su hojarasca verde!
Huésped errante de la selva oscura
Di en estas limpias aguas.
¡Cuántas veces
Me vio la tarde,
absorto en mis recuerdos,
Contemplando su plácida corriente!
La gran naturaleza, de mis penas
Oyó el lamento que hacia Dios asciende:
En su templo inmortal a quien la invoca
Seguro asilo y bálsamos ofrece.
Al dejar sin retorno estos lugares
Tan dulces a mi afán, llevo indeleble
Una impresión de gracia, de frescura,
Y hasta el sahumerio del paisaje agreste.
Como esas aves de amoroso instinto
Que en busca de calor el aire hienden,
Así mis pensamientos al amparo
De los afectos íntimos se vuelven.
¿Pero en cuál mejor sitio hallar la calma,
Y este silencio arrobador, solemne,
Que al fatigado espíritu conforta
Mientras las horas se deslizan breves?
Es aquí donde exhausto peregrino
Quisiera alzar mi solitario albergue,
¡Y arrullado del aura y de las ondas
Vivir lejos del mundo, para siempre!
Carlos Guido y Spano