domingo, 6 de octubre de 2013

Dolor

Quisiera esta tarde divina de octubre 
 pasear por la orilla lejana del mar; 
 que la arena de oro, y las aguas verdes, 
 y los cielos puros me vieran pasar. 
 Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera, 
 como una romana, para concordar 
 con las grandes olas, y las rocas muertas 
 y las anchas playas que ciñen el mar. 
 Con el paso lento, y los ojos fríos 
 y la boca muda, dejarme llevar; 
 ver cómo se rompen las olas azules 
 contra los granitos y no parpadear; 
 ver cómo las aves rapaces se comen 
 los peces pequeños y no despertar; 
 pensar que pudieran las frágiles barcas 
 hundirse en las aguas y no suspirar; 
 ver que se adelanta, la garganta al aire, 
 el hombre más bello, no desear amar... 
 Perder la mirada, distraídamente, perderla 
y que nunca la vuelva a encontrar: y, 
figura erguida, entre cielo y playa, 
 sentirme el olvido perenne del mar. 
 Alfonsina Storni
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jueves, 3 de octubre de 2013

La loba.

Yo soy como la loba.
Quebré con el rebaño
Y me fui a la montaña
Fatigada del llano.

Yo tengo un hijo fruto del amor, de amor sin ley,
Que no pude ser como las otras, casta de buey
Con yugo al cuello; ¡libre se eleve mi cabeza!
Yo quiero con mis manos apartar la maleza.
Mirad cómo se ríen y cómo me señalan
Porque lo digo así: (Las ovejitas balan
Porque ven que una loba ha entrado en el corral
Y saben que las lobas vienen del matorral).
¡Pobrecitas y mansas ovejas del rebaño!
No temáis a la loba, ella no os hará daño.
Pero tampoco riáis, que sus dientes son finos
¡Y en el bosque aprendieron sus manejos felinos!
No os robará la loba al pastor, no os inquietéis;
Yo sé que alguien lo dijo y vosotras lo creéis
Pero sin fundamento, que no sabe robar
Esa loba; ¡sus dientes son armas de matar!
Ha entrado en el corral porque sí, porque gusta
De ver cómo al llegar el rebaño se asusta,
Y cómo disimula con risas su temor
Bosquejando en el gesto un extraño escozor...
Id si acaso podéis frente a frente a la loba
Y robadle el cachorro; no vayáis en la boba
Conjunción de un rebaño ni llevéis un pastor...
¡Id solas! ¡Fuerza a fuerza oponed el valor!
<Ovejitas, mostradme los dientes. ¡Qué pequeños!
No podréis, pobrecitas, caminar sin los dueños
Por la montaña abrupta, que si el tigre os acecha
No sabréis defenderos, moriréis en la brecha.
Yo soy como la loba. Ando sola y me río
Del rebaño. El sustento me lo gano y es mío
Donde quiera que sea, que yo tengo una mano
Que sabe trabajar y un cerebro que es sano.
La que pueda seguirme que se venga conmigo.
Pero yo estoy de pie, de frente al enemigo,
La vida, y no temo su arrebato fatal
Porque tengo en la mano siempre pronto un puñal.
El hijo y después yo y después... ¡lo que sea!
Aquello que me llame más pronto a la pelea.
A veces la ilusión de un capullo de amor
Que yo sé malograr antes que se haga flor.

  Yo soy como la loba,
 Quebré con el rebaño
 Y me fui a la montaña
 Fatigada del llano.



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Alfonsina Storni

Gustavo Cerati

Dios Guardián Cristalino de guitarras que ahora más tristes penden y esperan de tus manos la palabra Precipitándome a lo insondable tus caricias me despiertan a la vez en un mundo diferente al de recién... Tu luz es muy fuerte es iridiscente y altamente psicodélica Te encuentro cuando el sol abre una hendija que genera notas sobre la pared sombreada Y suena tu música en la pantalla sos el ángel inquieto que sobrevuela la ciudad de la furia Comprendemos todo tu voz nos advierte la verdad Tu voz más linda que nunca Luis Alberto Spinetta http://www.cerati.com/

miércoles, 2 de octubre de 2013

“Lo pequeño y lo grande”

El destino, al igual que todo lo humano, no se manifiesta en abstracto sino que se encarna en alguna circunstancia, o en un nacimiento probrísimo en los confies de un imperio. 
 Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades sino que nos están misteriosamente reservados. 
¡Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiéramos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro! 
Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los buscaba porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino. 
 El destino se muestra en signos e indicios que parecen insignificantes pero que luego reconocemos como decisivos. Así, en la vida uno muchas veces cree andar perdido, cuando en realidad siempre caminamos con rumbo fijo, en ocasiones determinado por nuestra voluntad más visible, pero en otras, quizá más decisivas para nuestra existencia, por una voluntad desconocida aun para nosotros mismos, pero no obstante poderosa e inmanejable, que nos va haciendo marchar hacia los lugares en que debemos encontrarnos con seres o cosas que, de una manera o de otra, son, o han sido, o van a ser primordiales para nuestro destino, favoreciendo o estorbando nuestros deseos aparentes, ayudando u obstaculizando nuestras ansiedades, y, a veces, lo que resulta todavía más asombroso, demostrando a la larga estar más despiertos que nuestra voluntad consciente. 
 En el momento, nuestras vidas nos parecen escenas sueltas, una al lado de la otra, como tenues, inciertas y livianísimas hojas arrastradas por el furioso y sin sentido viento del tiempo. 
Mi memoria está compuesta de fragmentos de existencia, estáticos y eternos: el tiempo no pasa entre ellos, y cosas que sucedieron en épocas muy remotas entre sí están unas junto a otras vinculadas o reunidas por extrañas antipatías y simpatías. O acaso salgan a la superficie de la conciencia unidas por vínculos absurdos pero poderosos, como una canción, una broma o un odio común. [...] 
 Pero no creo en el destino como fatalidad, como en la tradición griega, o en nuestro tango: “contra el destino, nadie la talla”. Porque de ser así, ¿para qué les estaría escribiendo? Creo que la libertad nos fue destinada para cumplir una misión en la vida; y sin libertad nada vale la pena. Es más, creo que la libertad que está a nuestro alcance es mayor de la que nos atrevemos a vivir. Basta con leer la historia, esa gran maestra, para ver cuántos caminos ha podido abrir el hombre con sus brazos, cuánto el ser humano ha modificado el curso de los hechos.
 Con esfuerzo, con amor, con fanatismo. 

 Ernesto Sabato


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